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lunes, 23 de enero de 2012

Historia: La era de los Demonios (III parte)

–100,000 YK El sacrificio de los Couatl:
Tras más de un millón de años de guerra entre dragones y demonios, los couatls sacrificaron a la mayor parte de su raza para atrapar a los Señores Demoníacos más poderosos y a la mayor parte de los demonios de vuelta a Khyber, donde quedaron encerrados para toda la eternidad por la fuerza divina combinada de la raza couatl, que tiempo después fue conocida por la gente de Khorvaire como la Llama de Plata. Los aboleth huyeron a las profundidades de los mares subterraneos de Khyber a la espera del día en que la Llama de Plata se apagara y pudieran buscar su propia venganza junto a los demonios contra los grandes wyrms. Los dragones se retiraron a Argonnessen para estudiar la Profecía, ignorando a las “razas menores”


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Los estudios del couatl Hezcalipa descubrieron un camino a la victoria. El resultado estaba predestinado en la Profecía pero, a pesar de ello, el coste era terrible. Guiados por Hezcalipa los couatls sacrificaron casi toda su raza utilizando su escencia inmortal para convertira en una fuerza divina y pura por un bien mayor que después fue conocida como la Llama de Plata y que podía retener a los Señores Supremos y a sus terribles seguidores en unas prisiones arcanas en las profundidades del Dragón Inferior. Algunos demonios escaparon a los Yermos Demoníacos en la esquina noroeste del continente de Khorvaire donde formaron una organización conocida como los Señores del Polvo que se dedicó a intentar devolver el poder de los demonios sobre el mundo, pero la guerra se había ganado. Aunque los dragones lucharon con fiereza, algunos estudiosos creen que abandonaron a los couatls al final, rechazando compartir el coste del sacrificio final de atar a los demonios en la oscuridad de Khyber. Es posible que ese abandono fuera cuestión de miedo, aunque parece poco probable en una raza tan poderosa como la draconica. Puede que fuera que, siendo mortales, los dragones sencillamente no tenían la misma energía espiritual que los couatl que era necesaria para atar a los demonios. Las serpientes emplumadas habían nacido de la esencia más pura de Siberys y eran criaturas inmortales celestiales tal y como los hijos de Khyber eran demonios nacidos de la esencia oscura del Dragón Inferior. Tal vez la supervivencia de los dragones fue una decisión calculada. Sea cual sea la verdad, el autosacrificio de los couatls eliminó tanto a las criaturas celestiales como a las demoníacas de la superficie de Eberron, dejando a los dragones como señores de la Profecía y los seres más poderosos del mundo.

Expansión dracónica y Retiro
La Gran Guerra contra los demonios unió a los dragones como nada antes. Les forzó a dejar de lado sus insignificantes rivalidades y a mejorar los poderes arcanos que habían dejado durmientes durante mucho tiempo. Los dragones supervivientes eran más poderosos que antes pero su población había quedado devastada debido a la larga guerra. Tras la derrota de los Señores Supremos, la mayor parte de los dragones supervivientes se retiraron al santuario de Argonnessen. Los grandes wyrms reunieron el primer Cónclave dracónico de Argonnessen y pusieron las bases de la cultura dracónica que todavía permanecen en pie. Los supervivientes pasaron miles de años cuidando sus heridas, reconstruyendo sus familias, identificando y estudiando los signos de la Profecía y perfeccionando los artefactos mágicos que habían desarrollado durante la guerra. Con el tiempo, algunos empezaron a mirar más allá de Argonnessen y a aexplorar las tierras que redescubrían.

Hace sesenta mil años, los dragones empezaron a extenderse de nuevo por Eberron. Encontraron docenas de civilizaciones humanoides en crecimientos: reinos de gigantes y sus antepasados titanes en Xen’drik, clanes primitivos de enanos en el continente ártico de Yermohelado al norte de Khorvaire, grupos nómadas de cambiantes y humanos en Sarlona y las nacientes razas de orcos y trasgos en Khorvaire. Algunos únicamente querían estudiar a las criaturas menores. Otros se presentaron ante ellos como mentores, entre ellos los descendientes de Ourelonastrix. Estos dragones compartieron los secretos de la magia con los gigantes, debido a su curiosidad por ver que innovaciones podrían desarrollar estas prometedoras criaturas.

Para muchos dragones empezó como un juego; uno con un alto coste entre las vidas de los no dragones. Con el tiempo, sin embargo, los conflictos enfrentaron a dragón contra dragón. Las rivalidades amistosas se volvieron amargas y se derramó sngre de dragones. Conforme los problemas se extendían, la Hija de Khyber se revolvía en el Pozo de los Cinco Dolores. Cientos de dragones cayeron bajo su influjo y la proenie de Tiamat se alzó. Si se le hubiera dado tiempo de crecer, esta corrupción infernal hubiera podido destruir Argonnessen.

Afortunadamente para los dragones, los vigilantes Ojos de Chronepsis, los guardianes dracónicos de la ley, pudieron identificar a los dragones corruptos y los militantes de la Luz de Siberys, la fuerza militar dracónica, acabó con su corrupción. El Cónclave convocó una reunión masiva en el corazón de Argonnessen. Allí los estudiosos de la Profecía dracónica presentaron sus hallazgos. Hasta este día, los registros de ese encuentro permanecen como información privilegiada en Argonnessen, compartida únicamente entre los dragones antiguos más respetados y poderosos. Muchos dragones creen que los videntes relacionaron el incremento de poder de Tiamat con la extensión de la actividad dracónica por todo el globo; opinando que la influencia de los dragones había dado poder a la Hija de Khyber. Un único hecho es conocido: después del concilio, el Cónclave reclamó a todos los dragones que regresaran a Argonnessen. La era de expansión dracónica a lo largo de Eberron había acabado.

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