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lunes, 30 de enero de 2012

Historia de Eberron: La era de los Gigantes (I parte)

-80,000 YK - El nacimiento de la Nación de los Gigantes:
Los enormes humanoides conocidos como gigantes se alzaron de las ruinas de las guerras Dragón-demonios para establecer una enorme y poderosa civilización en su continente natal de Xen’drik. Se conocen un mínimo de tres grandes civilizaciones de gigantes durante este período: el Imperio de Cul’sir, que fue pacífico y con inclinaciones intelectuales; el Grupo de los Once y la belicosa Liga de Sul’at, que eran adoradores del fuego. Los gigantes de esas civilizaciones esclavizaron a los elfos, que hacía poco habían inmigrado a Eberron desde el plano de Thelanis, lo cual tuvo el efecto de sacar de su primitivo estado a la primera de las razas humanoides comunes.

- 60,000 YK - La Era Dorada de Xen’drik:
El romance tormentoso de los dragones de Argonnessen con el continente de Xen’drik empezó hace miles de años y, como suele suceder con los asuntos tumultuosos, acabó en tragedia. Hace sesenta milenios, los dragones cruzaron el mar hasta el glorioso imperio que los gigantes habían levantado en Xen’drik y decidieron compartir su poder y maestría con la magia arcana con ellos. En un enorme zigurat blanco en un oasis del desierto de Menechtarum, los dragones, liderados por Ourelonastrix, contactaron con los reinos gigantes y empezaron a enseñar a los señores supremos de los titanes y a sus seguidores gigantes como utilizar la magia arcana. Los gigantes empezaron a adorar a Ourelonastrix como el dios Ouralon, el señor del conocimiento y la ley, una fe que reemplazó la devoción previa de los gigantes hacia dioses más ambivalentes como Rom-Praxis.

El oasis donde los dragones y los gigantes colaboraron fue convertido en un paraíso mágico por los dragones en honor de sus patrones dracónicos. Estatuas de mármol vivinte retozaban entre piscinas de aguas cristalinas cuya magia inherente prometían vida eterna y la cura para todas las aflicciones de la mente, el cuerpo y el alma. Enormes huertos de árboles frutales brotaban de la arena del oasis, garantizando visiones felices del futuro a todos los que las probaban.

A continuación siguió una edad dorada sin rival en la historia de Eberron. Gigantes y dragones trabajaban codo con codo, creando nuevas utopías entre las naciones gigantes donde no existía el hombre o el crimen. Juntos, engañaron a la muerte, tocaron las estrellas y mantuvieron prisioneros bajo Khyber a los Señores del Polvo. Bajo el patronazgo de los dragones, los gigantes diseñaron rascacielos, monumentos y maravillas de sorprendente belleza que atrajeron la mirada eventual de los envidiosos ojos de los habitantes de Dal Quor, la Región de los Sueños. Los dragones se mostraron orgullosos de los éxitos de los gigantes y regresaron a Argonnessen, borrachos de soberbia y convencidos de que la decisión de enseñar todos los misterios de la magia arcana a los gigantes había sido correcta, ya que los gigantes eran merecedores del poder que los grandes wyrms les habían confiado. El tiempo probaría que los dragones estaban desastrosamente equivocados.

Los gigantes se convirtieron rápidamente en maestros de las artes arcanas bajo la enseñanza de los dragones y utilizaron sus conocimientos para crear maravillas mágicas y artefactos inigualables. Los gigantes utilizaron su nuevo poder para crear una gran cantidad de nuevos emplazamientos a lo largo y ancho de Xen’drik. Entre los muchos logros de la Liga de Sul’at, probablemente los practicantes más poderosos de la conjuración, la transmutación y la magia de ligadura que nunca han pisado Eberron, fue la infusión mágica de una porción de la esencia de Khyber en un grupo de sus esclavos elfos, que creó una raza separada de elfos de piel negra conocidos como elfos oscuros o drow.

Los gigantes de esta época se expandieron a lo largo y ancho de Eberron, incluso enviando patrullas exploradoras a Sarlona. En esa tierra distante los gigantes utilizaron su potencial mágico para crear una raza de medio-gigantes fusionando su propia sangre con la de los humanos con poderes psíquicos de ese continente. Los medio-gigantes ocuparon el lugar de los elfos como esclavos y siervos de los gigantes en el puesto avanzado de Sarlona. Otras leyendas sobre los medio-gigantes dice que esos puestos avanzados en Sarlona se crearon tras la caida de la civilización de los gigantes de Xen’drik cuando intentaban escapar de la devastación que los dragones habían lanzado sobre el continente (más adelante hablaremos de ello) y que estos son los descendientes de esos gigantes exploradores.

Durante los veinte milenios de la era dorada de los gigantes, los elfos observaron y aprendieron tanta magia arcana como pudieron desde su posición a los pies de los gigantes. Un grupo de elfos conocido como los Qabalrin huyeron de sus amos y fundaron su propia civilización. Los Qabalrin eran una secta reclusiva de elfos cuyo poder mágico llegó a ser temido por los propios gigantes. Las historias hablan de cómo mientras los titanes aprendieron su magia del dios dragón Ouralon, portador de luz y ley, los Qabalrin aprendieron su magia de su Sombra divina. Sea cual sea la verdad tras las leyendas, estos elfos estaban entre los conjuradores y nigromantes más poderosos que nunca se han visto sobre la faz de Eberron y fueron los pioneros de muchas técnicas nigrománticas que todavía se utilizan, junto con algunos de los principios fundamentales de la religión nigromántica que tiempo después se convertiría en la Sangre de Vol. De acuerdo a la leyenda, los Qabalrin crearon a los primeros vampiros, algunos de los cuales todavía yacen enterrados en sus antiguas ruinas.

Los Qabalrin vivían en una enorme ciudad-estado llamada Qalatesh, una fortaleza en la legendaria región montañosa de Xen’drik conocida como el Anillo de las Tormentas. Con el tiempo, los Qabalrin habrían podido llegar a dominar todo el continente per el destino, o la divina providencia, intervino. Hace cuarenta mil años, una enorme dragonshard de Siberys llamado el Corazón de Siberys cayó desde el cielo, destrozando Qalatesh. El impacto y la devastación resultante (tanto mágica como natural) destruyó la civilización Qabalrin. Es destacable señalar que el daño no se extendió más allá del anillo montañoso. Los gigantes lo llamaron milagro y citaron la dura justicia de Ouralon como un castigo divino contra aquellos que habían tratado con su Sombra.

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