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lunes, 22 de noviembre de 2010

La Iglesia de la Llama de Plata (II parte)

Los Purificados mantienen que el alma es una forma de energía divina, pero que no se origina ni en la Llama de Plata ni en ningún otro dios. Más bien se trata de la unión de toda la energía viva de Eberron. Cada persona que ha nacido añade una chispa de poder divino al mundo. Aquellos que son leales a la Llama de Plata pueden unirse a ella espiritualmente tras su muerte, tal y como hicieron los couatls, añadiendo sus propias almas a la Llama.

Otros son condenados a Dolurrh tras su muerte, donde la divinidad de su alma se extingue, condenándoles a una existencia sin fin de mentes desapasionadas sin un verdadero espíritu. Únicamente la Llama de Plata puede ofrecer una alternativa a Dolurrh y esa es la prueba de que los purificados de la Llama acabarán convirtiéndose en la única fuerza divina que reine en Eberron. Cuando ese día llegue, el mundo espejo de Dolurrh cesará de existir ya que no servirá a ningún propósito.

Los Purificados tienen una actitud sencilla frente al resto de religiones de Eberron: Están equivocadas. Eso no significa que los Purificados sean hostiles hacia los creyentes de otras fes. Los Purificados respetan profundamente a la Hueste Soberana y a los Dragones Progenitores, que crearon el mundo que la Llama completará un día. Sienten, sin embargo, que los creyentes de la Hueste están anclados a un modelo antiguo que retrasa la llegada del paraíso. Es por ello que los Purificados proselitizan a los creyentes de la Hueste siempre que pueden.

Los seguidores de la Llama se acercan a las sectas druídicas de forma similar, reconociendo el papel de los druidas en la protección de Eberron de grandes males pero creyendo que la Iglesia podría hacer un mejor trabajo, especialmente si los druidas se les unieran.

Pero en otros casos, la Llama de Plata no intenta convertir a otras fes, sino destruirlas. Los Seis Oscuros, el Dragón inferior y los Señores del Polvo son los mayores males a los ojos de los Purificados. Los miembros individuales de esas fes tal vez puedan ser salvados y llevados de nuevo a la luz pero son pocos. Los templarios no recorren las calles en busca de los adoradores de los Seis pero en las regiones en los que la Iglesia ostenta el poder temporal, esas fes son vigorosamente perseguidas.


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