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lunes, 26 de enero de 2009

Organizaciones de Khorvaire - Los Señores del polvo




Los Señores del polvo, una cábala caótica maligna de rakshasa y otros infernales, ha estado jugando con las razas comunes durante miles de años. Se ocultan en las sombras de Khorvaire, urdiendo planes para liberar a sus antiguos maestros de las profundidades de Khyber, tramando cómo emplearlos para obtener más poder o para extender el dolor y el sufrimiento entre las razas comunes. El grupo posee bases de operaciones en los Yermos Demoníacos y Aundair, entre otros lugares. La cábala emplea la estilizada silueta de una torre derruida para identificar a sus miembros.

Esta cábala se originó en los Yermos Demoníacos en los años posteriores al violento final de la Era de los Demonios y extiende su influencia secretamente a través de toda Khorvaire y el resto de continentes de Eberron. En los Yermos, sin embargo, los infernales no tienen que esconder su verdadera naturaleza. Por este motivo, no importa cuán profundamente manipulen a las razas mortales o la complejidad de sus tramas, siempre retornan a su hogar para poder revelarse en toda su gloria infernal. Los Señores del Polvo son escasos en número pero su inmortalidad les hace tan poderosos como insondables. Estos infernales sirven a la causa del caos y la destrucción, buscando mantener en marcha terribles planes que llevarán a un posterior colapso del orden y la virtud, mientras sirven a la antigua causa del Dragón Inferior.

Algunos miembros de los Señores del Polvo nunca se aventuran más allá de los Yermos Demoníacos, contentos con jugar crueles juegos con los bárbaros de los yermos que les reverencian.

Los Señores del polvo tienen poco interés en las jerarquías complejas. Los infernales más poderosos se suelen reunir en la antigua capital de los rakshasa para discutir sus planes y metas actuales, pero no tienen ningún líder. La afiliación se obtiene y se mantiene por medio de la astucia y el poder personal. La organización también alberga a una hueste de infernales más débiles, rakshasa menores y demás demonios que se contentan con servir a sus intrigantes amos.

La única ciudad con verdadera importancia en los Yermos Demoníacos es Ashtakala, la última ciudadela de los Señores del polvo y la única metrópolis superviviente de la Era de los demonios. Rodeada de una tormenta mágica permanente de arena y vidrio volcánico y protegida de todas ls formas mágicas de adivinación, Ashtakala no suele revelar sus secretos a los ojos de los mortales. Los exploradores que de alguna manera han logrado penetral la eterna tormenta encuentra una hermosa aunque bizarra metrópolis, una ciudadela creada de basalto negro y cobre. Comparada con las destrozadas ruinas de las ciudades infernales esparcidas por los Yermos, Ashtakala parece vida de forma imposible, llena con miles de demonios, rakshasas, sagas nocturnas y otros infernales.

Mientras Ashtakala aparece al observador tal y como hacía hace un millón de años, es una ciudad de fantasmas y sombras – la imagen de una ciudad en ebullición es una ilusión. Además de los habitantes ilusiorios y los oscuros espíritus de seres antiguos que todavía merodean por las decadentes calles enmascaradas por la poderosa ilusión del cenit de la ciudad, un puñado de rakshasas noramles y zakyas y una hueste de infernales menores sirve a los grandes Señores del polvo que ahí se congregan.


Los Señores de polvo de vez en cuando se reúnen en esta sombra de su antigua ciudad y los rakshasa retornan a Ashtakala de vez en cuando para planear y estudiar en sus bóvedas y bibliotecas, leyendo pergaminos y tomos que se deshacen en polvo cuando salen de la ciudad. El poder que preserva la imagen de Ashtakala transforma a cualquiera que entre en la ciudad; los visitantes notarán que su ropa y equipo se alteran para coincidir con el arcaico estilo de la ciudad. Una ciudad de infernales es un lugar peligroso para que los mortales lo visiten – únicamente a aquellos con más suerte que son capturados por los señores rakshasa se les permite morir con rapidez, pero nunca sin dolor. Todos los infernales retornan a Ashatakala en algún momento y habitualmente permanecen en su frio abrazo durante algunos siglos recordándose a si mismos la gloria que una vez fue suya. La ilusión les reconforta con imágenes de la Era de los Demonios, pero también potencia su odio hacia los dragones que se atrevieron a destruir su dominio del mundo y que les dejaron únicamente con esas ruinas.

Los Señores del polvo son inmortales, y sus motivaciones son difíciles de entender para criaturas de carne y sangre. A veces sus acciones tienen un fin claro, otras veces parecen querer extender el caos por el mero placer de hacerlo, jugando con las razas comunes como si fuesen peones en un tablero de ajedrez. Estos juegos pueden extenderse durante siglos. Es perfectamente posible que la destrucción de Xen’drik y el colapso de Galifar hayan sido planeados por los Señores del polvo: demonios que desenredan sutilmente los hilos de la civilización, para contemplar el dolor y el sufrimiento causados por el derrumbe de las sociedades mortales.

Los infernales más astutos e inteligentes siempre buscan formas de aumentar su propio poder. Algunos desean liberar a los rajás a los que sirvieron antaño. Otros investigan la forma de drenar el poder de sus antiguos amos, para emplearlo como propio.

Los Señores del polvo son maestros del engaño, y rara vez tratan abiertamente con los mortales. Los rakshasa pueden leer los pensamientos ajenos y cambiar de forma para imitar a cualquier humanoide; así se han infiltrado en muchos gobiernos, gremios y demás organizaciones. Incluso otros grupos de intrigantes, como el Áurum o los cultos del Dragón inferior, se han visto en peligro ante los Señores del polvo. Per los planes de los infernales pueden tardar décadas o siglos en desarrollarse, y un infiltrado rakshasa puede pasarme más de una vida humana esperando el momento idóneo para hacer su jugada. Por ello, casi cualquier organización puede ser engañada para hacer la voluntad de los Señores del polvo, al menos temporalmente. La única fuerza que sirve voluntariamente a los rakshasa la componen las tribus bárbaras de los Yermos Demoníacos.

Dos poderosas fuerzas se oponen a los Señores del polvo: los dragones de Argonnessen y sus agentes de la Cámara y la Iglesia de la Llama de plata. Los dragones ayudaron a derrotar a los rajás en la Era de los demonios y entre los Señores del polvo hay muchos que aún claman venganza. Siempre que los Señores del polvo logren dar con algún objetivo de los planes de la Cámara, tratarán de frustrarlo; a su vez, los dragones hacen lo que pueden para descubrir o destruir a los infiltrados rakshasa, y evitar la liberación de sus amos aprisionados.

Los caballeros templarios de la Llama de plata sirven al mismo poder que mantiene a los rajás bajo tierra, y son implacables en su persecución de este antiguo mal. Sin embargo, la carne mortal puede ser débil y los miembros de la Iglesia de la lama de plata pueden ser engañados, sobornados o corrompidos por los poderosos infernales.

Los Señores del polvo son la manifestación del mal más pura que se pueda encontrar en Eberron. No hay lugar en su cábala para los humanos, excepto como herramientas, títeres o siervos. Lo más corriente será que los aventureros se enfrenten a los Señores del polvo, bien abiertamente o arruinando sus planes. Es posible que los aventureros sean engañados para que sirvan a los Señores; un rakshasa con la forma de un aliado de confianza podría enviarlos a una búsqueda que haga más mal que bien.

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